Vivianne o Vivienne, Eleanor o Eleonor, parece fácil decidirse por uno, pero esto es una tortura para nosotras prácticamente en cada libro que escribimos como el nombre del personaje tenga algún tipo de variación, y si no la tiene nos la inventamos… Porque, al parecer, escribir una novela de ochenta mil palabras es sencillo; decidir cómo se llama alguien, no tanto.

El sistema funciona... hasta que llega la corrección

Julia y yo tenemos una forma bastante metódica de trabajar a estas alturas. Preparamos la trama y cuando está todo listo empezamos a escribir. El rol siempre es el mismo, empieza una con el primer capítulo y se lo pasa a la otra, esta lo lee y escribe el siguiente, por lo que salvo en casos puntuales donde pueda haber dos seguidos escritos por la misma, lo normal es que todos los libros tengan un capítulo alternado de cada una.

Durante este proceso no solemos fijarnos en los errores salvo que sea algo que te haga sangrar los ojos, pero al corregir viene el desastre. Y cuando digo desastre, me refiero a ese momento en el que descubres que has convivido durante semanas con tres versiones distintas de la misma persona sin darte cuenta.

El caso Eleanor

En Nuestro peor secreto era terrorífico. En este fue un tema de que ella instauró una cosa en su cabeza y yo otra en la mía a pesar de que en la biblia que habíamos hecho estaba claro 😊 De hecho, la biblia estaba perfecta, el problema es que ninguna de las dos la consultó cuando más falta hacía.

Para el personaje de Eleanor, una escribió Eleonor todas las veces y la otra Eleanor, (también apareció alguna Elenor) así que el libro tenía toda una mezcla de versiones y tuvimos que decidir con qué nombre nos quedábamos. Es fácil de arreglar, basta con hacer un reemplazar en Word y se soluciona, pero hay otros un poco más complicados que no es un tema de que alguna elija una variación diferente, si no de equivocarse al escribirlo. Word puede arreglar muchas cosas, pero todavía no ha desarrollado una función para corregir a autoras cabezonas.

La invasión de las variantes

Nos encontramos de todo. En el libro de Entre el orden y el caos tuvimos el problema tanto con el nombre de Sloane como con el de su hermana Vivianne. Sloane aparecía de tres formas por el libro, Sloanne, Sloan y Sloane. Lo mismo nos pasó con Viviane, Vivianne y Viviana, toda una fiesta con las hermanas. Llegó un punto en que ya no sabíamos si eran errores o si habíamos creado primas nuevas sin avisar a nadie.

Annie Cohen también fue protagonista con esto, y Margot Royle no lo hizo con el nombre, pero sí con el diminutivo. Porque cuando un personaje decide colaborar, siempre aparece otro dispuesto a mantener la tradición familiar.

El crimen perfecto de Lily Porter

Aunque el más terrorífico de todos fue con esta mujer.

No sé si recordáis a este personaje tan particular que aparece en Unidas como agente inmobiliaria de la familia Taylor. El otro día empezamos a repasar la historia de ese libro porque hemos decidido escribir el de Pontia Taylor y, ¡sorpresa! Lily aparece como Lili y Lily, y ese nos lo comimos con patatas en la corrección… Ni siquiera fue un error sofisticado. Estuvo ahí, a plena vista, observándonos durante meses mientras esperaba pacientemente su momento.

Rendición incondicional

En definitiva, siempre es un desastre y por más que nos concentramos y decimos que en el siguiente no nos pasará, también nos pasa, así que lo hemos dejado por imposible y cada una escribe lo que le da la gana hasta que terminamos y se corrige.

Hemos aceptado que esta es nuestra versión particular del caos creativo. Algunas personas hacen esquemas de colores; nosotras multiplicamos personajes sin querer.