Estamos encantadas de estrenar web y también esta sección de blog, y como primer artículo hemos elegido este porque es algo que nos pasa a menudo y al parecer nunca aprendemos.

Caminatas creativas: cómo elaborar tramas literarias

Julia ya ha contado alguna vez que las tramas las solemos hacer mientras caminamos. Hacemos ejercicio y trabajamos al mismo tiempo (no sé si es sano del todo, pero sale más barato que la terapia). Vomitamos ideas —sin filtro ni dignidad— elegimos nombres de los personajes, edades, rol, etc. Establecemos la idea principal, decidimos el conflicto y el antagonista y con esa base empezamos a montar la estructura por encima.

Conforme hacemos todo eso, Julia —a la que le encanta hablar— lo graba todo, incluso lo que no hace falta 😊 y después yo me encargo de transcribir en el portátil.

Nuestra peculiar manera de preparar tramas

Con todo decidido, es el momento de preparar el esqueleto y ahí siempre llega la misma frase pronunciada por cualquiera de las dos:

—Vale, capítulo uno, ¿qué queremos que pase?

No tenemos plan para esto y siempre vamos sobre la marcha. Una de las dos empieza —la primera que tiene una idea— y después vamos añadiendo cosas hasta que decidimos que es suficiente, Julia coge su móvil otra vez y se pone a grabar.

Debo decir que sus grabaciones unas veces me estresan y otras hacen que me muera de la risa. Lo que hemos decidido se puede resumir en cuatro o cinco frases que nos sirvan de recordatorio cuando vayamos a escribir, pero Julia no graba cuatro o cinco frases, ella empieza a contarlo todo casi como si lo estuviera escribiendo en ese momento y el resultado es que cuando tengo que transcribir, me encuentro con 600 palabras por capítulo, sin contar respiraciones dramáticas. 

Esta es la parte que me desespera, pero después está la divertida: Julia y sus jadeos, contenido premium.

Julia y sus grabaciones: entre risas y frustraciones

No solemos detenernos mientras estamos hablando, y a veces jadea como un animal porque caminar y hablar al mismo tiempo la dejan agotada, y escuchar eso en el audio junto a los cortes repentinos que hace porque ha visto algo que le ha llamado la atención y quiere comentarlo es bastante divertido, aunque me divierte mucho más escuchar sus exabruptos repentinos si tropieza o frases que se cuelan como "cuidado con la mierda" o "coño, la pisé".

Anécdotas en coche: inspiración y caos simultáneos

Esto me ha recordado a otra vez, en ese caso íbamos en el coche y estábamos atravesando un puente larguísimo en Portugal. Julia estaba grabando con ese entusiasmo suyo y de repente se puso a diluviar. Ella no se detuvo por el ruido del agua contra el cristal porque no quería que se le fuera de la cabeza lo que tenía pensado, y a eso tuvimos que añadir que cuando puse en marcha el limpiaparabrisas, la perra se volvió loca en el asiento de atrás porque el movimiento de la escobilla sobre el cristal la ponía nerviosa.

Empezó a ladrar como una desesperada, y entre sus ladridos, el sonido brutal del agua sobre el coche y Julia que no se callaba, me entraron ganas de saltar del vehículo en marcha. Supongo que ya os lo imagináis, pero de aquel audio poco pude salvar, aunque la perra estuvo brillante 😊

Ideas navideñas que se perdieron en el aire

Lo que he explicado hasta ahora es uno de los modos que tenemos de trabajar, pero hay otro, el malo, el que nos coge con una idea en cualquier parte y dicha idea nos motiva tanto que comenzamos a hablar y a definir la trama que después no grabamos en ningún sitio porque Julia dice lo haré más tarde, y más tarde no llega porque ninguna de las dos se acuerda.

El resultado es que la idea se pierde como los calcetines en la lavadora.

Una vez íbamos en el coche y teníamos un trayecto de tres horas hasta llegar al destino. No sé si fue ella o yo, pero una de las dos dijo:

—Deberíamos pensar alguna trama navideña para diciembre.

A falta de una, nos surgieron dos ideas —ambas muy chulas para un romance ambientado en Navidad— nos pasamos las tres horas definiendo lo que pasaría en cada una, quiénes serían las protagonistas, cómo eran sus vidas y qué íbamos a hacer para que acabaran juntas.

Llegamos a nuestro destino y las ideas se quedaron dentro del coche, no nos acordamos más de ellas hasta unos tres meses después cuando quisimos buscarlas dentro de un grupo de WhatsApp donde lanzamos todo lo que se nos ocurre y sorpresa: no estaban.

Gracias a la memoria de Julia, pudimos recuperar la base, pero la mayoría de los detalles se nos habían olvidado en los dos casos y el resultado de eso es que aquellas tres horas que pasamos estructurando no sirvieron porque tendremos que volver a hacerlo :)

Eso nos ha pasado tantas veces que ya no nos frustramos, hemos asumido que es nuestra manera de funcionar, pero si alguna escritora lee esto nos encartaría que nos dijera si también le ha pasado alguna vez, por apoyo emocional y todo eso.

Gracias por llegar hasta aquí y leer un poco de nuestras aventuras! Os prometemos que os seguiremos contando nuestras experiencias más anecdóticas para que conozcáis la otra cara de las historias que leéis cada mes. ¡Nos vemos en la próxima!